Bachajón: Si los ojos del mundo estuvieran sobre México
Felicidades a quienes desde tantas ciudades alcanzaron el triunfo de la razón sobre el despotismo sabinista. Un poco de oxígeno en un país intoxicado de plomo, sangre y mentira.
Tal vez es un claro síntoma de que en un Estado se ha regresado a una especie de monarquía de facto, con los ropajes y apariencias de una democracia representativa y electoral, el hecho de que las manifestaciones de los de casa no sean importantes para tomar decisiones y solamente la presión internacional pueda conmover a un gobierno.
En ese sentido, México se parece a la Sudáfrica del apartheid, solamente cuando en otros países y continentes resuena el grito que denuncia una injusticia, a regañadientes un gobierno mexicano tiene que mover un dedo, medio corregir una injusticia, salir de su torre de marfil y su sueño dogmático (mediático).
La liberación de los cuatro ejidatarios de Bachajón injustamente presos, por luchar en defensa del territorio, se debe en gran medida a que el blindado Juan Sabines Guerrero, representante del status quo coleto en Chiapas, llevado al poder por AMLO y sus partidos (al menos entonces eran suyos) PRD, PT y Convergencia, amistado con Calderón y su contrainsurgencia, contra toda oposición pero especial y visceralmente antizapatista y anti-otracampaña, tiene un talón de Aquiles: su imagen internacional.
Cómo podía ser que las embajadas de México en Nueva York y las ciudades europeas se vistieran de pancartas pidiendo la libertad de presos políticos bajo un gobierno querido y apreciado por sus gacetillas en La Jornada, sus reconocimientos a Poniatowska y patrocinios a películas de Luis Mandoki, y cómo arriesgar la imagen de quien apresó a su predecesor, Salazar Mendiguchía por el tipo de conductas que él mismo (Sabines) ahora acostumbra.
Ya antes, al parecer, había cedido ante las muchas firmas en apoyo a Isaín Mandujano y Ángeles Mariscal, dos de los varios periodistas y comunicadores acosados y perseguidos por Sabines, pero esta vez tuvo que liberar a Juan Aguilar Guzmán, Jerónimo Guzmán Méndez, Domingo Pérez Álvaro y Domingo García Gómez, los últimos cuatro de muchos más presos de Bachajón.
En Chiapas sigue habiendo presos de conciencia (Alberto Patishtán, maestro indígena cuya salud se deteriora en el Amate es otro de ellos), sigue habiendo confesiones bajo tortura para encarcelar inocentes, sigue militarizado y con total impunidad siguen operando paramilitares que acosan, agreden y amenazan a las bases zapatistas y a otros indígenas que defienden su territorio como en Bachajón y en Mitzitón, sigue siendo un gobierno racista, coleto, antindígena, aunque busque aparecer como "defensor de los derechos humanos". Pero precisamente el intento vano de mantener esa imagen políticamente correcta es su punto débil, y la denuncia internacional es su kriptonita.
Felicidades a quienes desde tantas ciudades alcanzaron el triunfo de la razón sobre el despotismo sabinista. Un poco de oxígeno en un país intoxicado de plomo, sangre y mentira.
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